Calamaro (en Santa Fe)
La media tarde santafesina cae de lleno sobre el estadio cubierto de Unión de Santa Fe. Extraño, vacío, silencioso, pese a que arriba de ese tablado está el codiciado Andrés Calamaro.
Todo es armonía alrededor. Años de traqueteo por centenares de estadios han templado el pulso de la escudería salmónica. Se manejan todos (productores, músicos, allegados) como verdaderos peces en el agua. Cero histeria.
Calamaro sigue con sus Ray ban pegados como una oblea. Escondiendo los ojos al sol. O vaya saber a qué.
Un semicírculo y la banda prueba sonido con Los Divinos. Suenan ídem. Concentrado, de jean y remera, Calamaro canta impecable. La banda suena impecable. Raro microclima en el microestadio.
Los plomos arman y no sangran. Se mueven como alejados de lo que sucede arriba. Cinta scotch aquí. Y allá. Luce sin piedad la tarde. Sin ruidos cuando termina el tema. Me siento, prendo un Lucky. Los Divinos tiene un aura que enlaza con el aquí y ahora. Andrés es (o parece ser, quién lo sabe) exuberante, talentoso, compulsivo, celoso. Un símil escorpiano, pero no lo es.
La ciudad se queda sola
y nadie me da bota.
Hoy es hoy, ayer fue hoy, ayer..
Después, un rulo stone y después _aquí ya que importa el después_, ese Salmón
que a la noche hará saltar a los pibes. Pausa. Still. Larga. Silencio. Un mate amargo. Una nube se asoma por detrás de la ventana tatengue.
¿Se cansará Calamaro de tener que dar examen a cada rato? ¿Cómo bancar a las multitudes que esperan? Supongo que un souvenir Keithjarretiano servirá para aflojar tensiones. Y volar. Aunque andrés vuela solo. Y cómo.
Demasiada rapidez en el contacto cara a cara. Hola. Bien. Chau. Hasta siempre compañero. Los de afuera debemos ser moscardones. Hinchapelotas. Se entiende. Qué se yo. A veces me viene la imagen del mielero enfrascado en su máscara rodeado de abejorros.
Unión ahora es un oceáno de nenas, nenes, jóvenes, adultos, viejos. Me dedico a mirar el entorno. Veo a esa mujer que mira a su hijito. ¿De tres, de cuatro, de 9? Están felices. Disfrutan. El pibe cree que el que canta ahí abajo es un dios. La mujer tiene los ojos húmedos, y tararea una tras otra. Transversalidad pura. Es raro ver semejante desparramo etario con otro artista.
El concierto tiene variaciones respecto de la última vez que lo vi, y pienso: este tipo es mágico, una fábrica de hacer canciones desmesuradamente buenas. Anzuelos por doquier para agarrarte de la mandíbula y dejarte fuera de acción.
Sólido, concentrado, vital. Serio.
Calamaro te arropa, te suelta, te hace pensar: ¿todavía con todo su éxito, sus carretillas henchidas por derechos de autor y de los otros, su corte de fanáticos, su living decorado de trofeos dorados, es capaz de sentir lo mismo que siento yo cuando el verano te quema la cabeza con sus 40 grados a la sombra?
Y afuera donde es verano
todos se van
todos se van
nosotros parece que no (pero también)
No sé si tengo hambre
o será que no comí o me olvide
ataba con alambre los pedazos de lo que alguna vez fue un corazón
del gran espejo interior
Y afuera donde es verano
todos se van.
Ese es el secreto. Me gustaría haber escrito eso. Parece tan fácil. Una postal, un filme. Una vida. La mía. La de la señora que mira a su hijito con los ojos húmedos. La del nene que lo mira a Andrés como a un dios. Multiplicar por cuánto.
Vale la pena subirse a un micro. Andar kilómetros. Ver. Escuchar. Siempre hay alguien acostado. Ja.
Esto no es una crónica de concierto, no. Es más o es menos. Pero creo que no se puede intelectualizar sobre las pasiones. Barre toxicidades. Basuritas en el carburador del alma. Se van, lejos. Lejísimo.
Aunque nadie, nadie, nadie te da bola.
Uno debería salir de estos ritos paganos siendo mejor. Aunque a la salida tenga que aguantar la tontera del taxista y de sus propios fantasmas. Ahí está la clave, mirá. La teoría. Salir mejor.
Uf. Me fui de ruta. Retomo. En el calendario una X roja me recuerda el día que me dejaste de contestar. Mirá. No la hizo. Mi Funeral 11, tampoco. Qué importa. Después de escuchar All you Need is Pop es inevitable decir: ya está, lo que viene es tiempo de descuento.
Caen las manos como violines. No sé quien lo escribió, pero esa es la imagen cuando el Cantante se va.
El aire está frío ahí afuera. Camino solo. Las multitudes tararean. Miro a la señora: sigue apretada de la mano de su hijito. Son felices. Ya.
No quiero joder a nadie en el after Unión. ¿Cómo mandará a dormir Calamaro semejante adrenalina acumulada? ¿Sentirá el peso de calar en la psiquis de miles de personas? ¿Tendrá ganas de dar examen al otro día en Corrientes?
Santa Fe está vacía. La noche barrió cualquier chance. No es verano, pero todos se van. Qué bravo es este tipo..

PM dijo
TE PASASTE MAURICE....EL CALAMAR RINDE EXAMENES COMO EXCUSA PERFECTA (COMO BUEN ESCORPIANO),,,,PARA NO CAER EN LA MEDIOCRIDAD Q REYNA....
4 Octubre 2010 | 04:23 PM