Calamaro en Córdoba: paraísos recuperados y lengua transversal

Andrés Calamaro retuvo en Córdoba, y por por knock out, la corona de roquista transversal.
Pisó las tablas del hermosísimo Orfeo con un directo a la mandíbula que hizo saltar por los aires a 10 mil personas emocionadas, felices confabuladas con ese tipo amable que usa siempre la misma dirección, la difícil, la que usa el salmón.
Concentrado pero juguetón, el campeón atrapó otra veza los pibitos que llegaron extasiados en los hombros de sus padres; a los "viejos venenos" hoy reivindicados como sexis y barrigones, a las chicas eternamente entregadas a ese eterno seductor que hizo el soundtrack de sus vidas.
En plan power, con guitarras chirriando, AC se dio el gusta esta vez de que su voz sonara más nítida que la muchedumbre que cantó los temas, del primero al último.
"Los chicos" fue la fiel demostración de lo errado que estuvieron aquellos que se apresuraron a decir/escribir que el Calamaro versión 2007 era la de un rocker que viajó hacia atrás en cámara lenta para refugiarse en plan materno-paterno-infantil.
"Dame la mano y vení que te enseño a perder", sigue invitando El Gaucho, en un guiño que dice más que mil palabras.
Apoyado en una banda que entendió la consigna "fighter", Andrés se paseó por su honestidad más brutal, el erotismo más delicado ("Soy tuyo") y el refinamiento superlativo de "Carnaval de Brasil", una gloriosa canción con destino de inmortalidad.
El Cantante tenía ganas de cantar y no se detuvo en florituras verbales con la gente, apenas si repitió como un mantra "Gracias Córdoba", aprovechando los intersticios de cada tema para tomar un sorbo de agua mineral o calentar la garganta con unos amargos, tal como si estuviera en el viejo umbral de Spinetta.
Con una generosidad que le tira lastre a quienes lo sitúan envanecido por un ego medular, fue el anfitrión ideal para Fito & Fittipaldis, una banda correcta pero desconocida por los senderos de La Docta.
Cabrales y los suyos no sólo tuvieron casi una hora de fama sino que compartieron el mismísimo set de un Andrés interminable, entero, fulgurante.
Apegado como nunca a su guitarra celeste, Calamaro le hizo"fuck you" al rock berreta que domina la escena argenta y a todos los que lo crucificaron antes de tiempo. "Cuidado nena, que puedo resucitar", bramó en "Crucificame", un grito de guerra del que dice "acá estoy".
Pasa el tiempo, pasan los años, pasan los artistas y "El salmón" se hace cada vez más trascendente en la discografía nativa. "Lo que no existe más", generó que decenas de miles de pieles se erizaran.
"Acabo de despertarme, y me pasa algo extraño: pasa que me olvidé de todo. Como si por empezar el año no existiera nada que yo conocí, y me digo, tengo suerte compañero, se lo va a agradecer el corazón. Ya no habrá malas noticias (...), algo así como haber cumplido una condena", largaba Calamaro desde el escenario y algunas lágrimas caían. Ojala la mala ya no exista más o, al menos, se pueda sobrellevar con cinco minutos de felicidad.
¿Cuántos matarían por cinco minutos más?
El aire cordobés pareció haber descontracturado a AC desde la mismísima prueba de sonido (el martes), cuando hizo maravillas con su voz, jugueteó con los músicos y largó una versión de "Los mareados", museado por el mismísimo Goyeneche.
"Una más y no jodemos más", coreararon las más de diez mil almas presentes en el Orfeo cuando AC hizo su primera despedida. Después vendría una avalancha de éxitos, clausurada con "Me arde", y una multitud de músicos en escena rockeando pletóricos de felicidad.
Cuando todo había pasado, la simple observación de la composición del público permitió reparar en que "La lengua" de Calamaro, además de ser "popular" y fatalmente contemporánea es la más "transversal" de todas las que habitan el paisaje rock-pop argentino.
Calamaro está vivo y lleno como nunca de canciones luminosas.
Como paraísos recuperados.
*Recital de Andrés Calamaro-Orfeo-Córdoba

rick dijo
mb comentario.
15 Diciembre 2007 | 11:21 PM