Spinetta, hacedor del mejor Pan
Luis Alberto Spinetta es un milagro argentino.
Cuando ya García despegó hacia el no retorno de la estupidez; cuando Calamaro quemó cubiertas y no hay forma de recaparlas y Cerati hace discos con codas cada vez más cooptadas a los Teenage Fanclub, el Flaco se reinventa a sí mismo y cumple un objetivo que tal vez ni se proponga: hacer feliz a quien lo escucha.
Este fin de semana abúlico, sin fútbol, con soles chirriantes y sin ganas de asomar la nariz a la calle me propuse "escuchar" a fondo Pan, su último disco, que me había parecido bastante lejano a la Calidad Spinetta, marca registrada.
Y el muchacho lo hizo otra vez. Sábado, domingo, lunes estuve dándole trabajo a mi equipito hasta que pareció echar fuego por tanto rodaje.
Pan es maravilloso, lleno de giros hacia el Mundo Spinetta de aquí, de Jade, de Invisible, de Pescado, de Los Socios... Pero, fundamentalmente, está repleto de contemporaneidad, de eso que Nick Hornby llama "fatalmente moderno".
Desde la extraordinaria portada de Alejandro Ros (un mantel cuadriculado, símbolo de "fatto in casa"), Spinetta te lleva por un camino donde hay elementos, símbolos, caminos que elevan a un cielo sin nubes oscuras.
"Muchos de los hombres en rama se venden en un quiosco de fe, fe que se despreocupa de la vida", descerraja en "Bolsodios", una maravilla de tema, demostrativo de la mítica "cuadratura del círculo".
"Todas las cosas que se pierden las tiene en su bolso Dios", asevera el Flaco, en un paseo por el paraíso, de la mano de su Strato, y de unos colchones extraordinariamente plegados por Claudio Cardone.
Desde "Sinfín" hasta "Espuma mística" redondea un trabajo exquisito, sin fisuras (salvo el olvidable "La Flor de Santo tomé", que se le perdona por esas dualidades del amor).
En un país con los ojos puestos en lo verdaderamente "trascendente", Spinetta sería un sujeto a adorar. Aquí cruza las voluntades por la mitad. Y todo porque las radios, las cadenas musicales de TV no se le animan a sus canciones, a sus videos. Y por todos estos años de gente, claro.
Si la espesura se midiera por la calidad, "Atado a tu frontera" sería un hitazo incomparable. Pero no, ahí está como una perla a descubrir, encriptada solamente para quienes compraron el disco.
"Dame una palabra y yo te daré dos", dice en Proserpina, una gema que te lleva hacia el eco que deja Graciela Cosceri, quien pone ángeles más que voces. "Sólo la esperanza guía la verdad, cuida de mis alas en la ingratitud", resume.
Se ha escrito hasta el cansancio sus citas a temas de otra época, que, vaya uno el motivo, Spinetta decidió aderezar en Pan.
En todo caso es un Pan saborizado con las mejores especies.
Curioso: en cada recital de Spinetta nos vemos las mismas caras, pero siempre un poco más viejas, achacadas. El que renueva la sangre y parece cada vez bañado por la espuma mística es él. Y vamos a sus concietos como a una fuente termal que nos renueve.
Pese a que ni Nerina Nicotra (bajo) ni Sergio Verdinelli (bata) están (en vivo) a la altura de un Malosetti, un Vadalá, un Jota Morelli, la banda suena en la grabación como un relojito suizo. Y Luis vuela.
A Spinetta es imposible "compilarlo" como han pretendido hacer con ese esperpéntico "Homenaje al Maestro" (ver tags); todos sus temas están cargados de una preciosura única. Es una cabecita llena de coral, o un tremendo cabezón.
Debo retractarme: diez veces habré dicho que Pan era de lo más "flojito" de Spinetta. Debí cerrar la boca y esperar que el tiempo ponga las cosas en su lugar. Con los headphones, en una tarde de enero, los ojos cerrados y apenas una brisa, Pan te traspola a tu sitio deseado.
"Estoy entusiasmado con tu corazón, todos los días, toda la vida; dale luz al instante, tal vez no te arrepentirás, y que el cielo le responda al mar. Estoy entusiasmado con tu río de amor, sólo dale luz al instante, es que nunca te arrepentirás. Tarde o temprano el tiempo se apagará. Al volver de su noche oscura, que ya pasó, y al mirarte al espejo tal vez veas que se detiene el mundo solo para tí". ¿Algo más? Sí, todo eso compañado pr un rasguido spinetteano, sinty, que se mixtura con las "cardoneadas" del teclado.
En "Atado a tu frontera" aparece lo mejor del pop argento de años: las patitas se mueven y el tempo es descomunal. La banda se suelta. "Tus ojos son dos lunas que envuelven mi alma, yo sólo estoy atado a tu frontera. Amor, ya no temo morir, sólo espero que Dios tenga tu gracia", pinta como si nada.
Luego de hablar de un "corazón capacitador de páramos", se pregunta "por qué tu corazón brilló sin parar y luego se detuvo ahí (...) ¿Y cómo derivó en hielo el amor, y cómo ya no quieres volar, cómo es que prefieres quedarte dormida en un mundo muerto?". Una lección de futuro visible. De vida, bah. Viejos son los trapos.
En cualquier otro artista, darle forma a una canción que se llame "¡Qué hermosa estás!" tendría un regusto empalagoso como un chaja, pero Spinetta consigue que suene hermosa, que la sonoridad de esas palabras sean una frutilla sin merengue: "Es sencillo, como es tu alma amor, yo no respiro hasta ver tu despertar... ¡Oh mi amor qué hermosa estás!".
¿Quién puede resistir esa declaración de amor? ¿Cómo pueden regalar discos de Arjona para conquistar corazones teniendo tamaño vergel a 20 pesos?
Algún día el arte atacará y veremos quién resiste.
Y así se va el Pan nuestro de cada día, una joya, una caja de música a la que hay que dejar sonar y sonar.
"Todas las cosas que se pierden las tiene en un bolso Dios", canta Spinetta. No, no. Las tiene él en su pluma, en su música.
*Luis Alberto Spinetta-Pan-Universal.

Rembrandt dijo
Muy buena reseña de un gran disco. A mi también me llevó meses sacarle las claves pero ahora me encanta.
25 Enero 2007 | 02:14 AM