lucesdelaciudad http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net es-es Deportes http://s3.amazonaws.com/lcp/lucesdelaciudad/myfiles/nunca65x65.jpg lucesdelaciudad http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com En lo alto para siempre/ Foster Wallace http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net/post/2009/08/17/en-alto-siempre-foster-wallace 2009-08-17T17:27:47+00:00 En lo alto para siempre
por David Foster Wallace

Feliz cumpleaños. Tu decimotercer cumpleaños es importante. Tal vez sea tu primer día realmente público. Tu decimotercer cumpleaños es la ocasión para que la gente se dé cuenta de que te están pasando cosas importantes.
Te han estado pasando cosas durante el último medio año. Ahora tienes siete pelos en tu axila izquierda. Doce en la derecha. Espirales duras y amenazadoras de pelo negro y encrespado. Un pelo crujiente, animal. Alrededor de tus partes íntimas te han salido más pelos duros y rizados de los que puedes contar sin perderte. Y otras cosas. Tu voz es llena y rasposa y se mueve entre octavas sin previo aviso. Tu cara empieza a brillar cuando no te la lavas. Y dos semanas de dolor profundo y temible la pasada primavera hicieron que algo se te descolgara desde dentro: tu saco se ha llenado y se ha vuelto vulnerable, un articulo de lujo que tienes que proteger. Levantado y amarrado por unos suspensorios prietos que te dejan rayas rojas en las nalgas. Te ha brotado una nueva fragilidad.
Y sueños. Durante meses has tenido sueños que no se parecían a nada que hubieras visto antes: húmedos, trepidantes y distantes, llenos de curvas cimbreantes, de pistones frenéticos, de calor y de un vértigo tremendo. Y te has despertado con los párpados convulsos al ritmo de una descarga, un borbotón y un espasmo que te ha sacudido desde el cuero cabelludo hasta los dedos de los pies procedente de una zona en las profundidades de tu interior que nunca imaginabas que tuvieras, estremecimientos producidos por un dolor profundo y dulce, las farolas del otro lado de las persianas de tus ventanas proyectando estrellas brillantes en el techo negro del dormitorio, y una gelatina blanca y densa rezumándote entre las piernas, goteando y pegándose, enfriándose sobre ti, endureciéndose y aclarándose hasta que no queda nada más que nudos retorcidos de pelo animal duro y pálido en la ducha matinal y en esa maraña húmeda persiste un olor dulce y limpio que no puedes creer que proceda de nada que tú hayas creado en tu interior.

Más que a ninguna otra cosa, el olor se parece a esta piscina: una sal dulce mezclada con lejía, una flor de pétalos químicos. La piscina tiene un fuerte olor azul claro, aunque ya se sabe que el olor nunca es tan fuerte como cuando uno está dentro del azul, como tú ahora, recién salido del agua, descansando en la parte menos profunda de la piscina, con el agua a la altura de las caderas lamiéndote esa zona que te ha cambiado.
La terraza de esta vieja piscina pública situada en el extremo occidental de Tucson está rodeada por una verja Cyclone del color del peltre, decorada con un enredo brillante de bicicletas sujetas con cadenas. Detrás de la verja hay un aparcamiento negro y caluroso lleno de líneas blancas y coches resplandecientes. Un prado indistinto de hierba seca y matojos duros, cabezas aterciopeladas de viejos dientes de león que estallan y flotan como copos de nieve en el viento que se levanta. Y más allá de todo esto, doradas por un redondo y lento sol de septiembre, están las montañas, dentadas, con los ángulos agudos de sus picos recortándose contra una luz cansina de color rojo intenso. Sobre el fondo rojo sus picos afilados y conectados trazan una línea serrada, el electrocardiograma del día que agoniza.
Las nubes se tiñen de color en el borde del cielo. Flotan lentejuelas en el azul claro del agua, a esa temperatura cálida propia de las cinco de la tarde, y el olor de la piscina, igual que el otro olor, conecta con una niebla química que hay dentro de ti, una penumbra interior que desvía la luz hacia los bordes y difumina la distinción entre lo que termina y lo que empieza.
Tu fiesta es esta noche. Esta tarde, la tarde de tu cumpleaños, has pedido permiso para venir a la piscina. Querías venir solo, pero un cumpleaños es un día familiar, tu familia quiere estar contigo. Es amable por parte de ellos, no sabes explicar por qué querías venir solo, y la verdad es que tal vez no quisieras estar realmente solo, de manera que han venido. Están tomando el sol. Tu padre y tu madre toman el sol. Sus hamacas han estado señalando la hora toda la tarde, siguiendo la curva del sol a través de un cielo despejado y tan recalentado que ha adquirido la textura de una película gelatinosa. Tu hermana juega a Marco Polo cerca de ti en la parte menos profunda con un grupo de niñas flacas de su curso. Le toca a ella quedar, dice «Marco» y ha de perseguir a ciegas a quienes le replican chillando «Polo». Tiene los ojos cerrados y va dando vueltas al compás de un coro de gritos, girando en el centro de una rueda de niñas chillonas con gorros de baño. De su gorro sobresalen flores de goma. Los pétalos de color rosa viejos y flácidos tiemblan cada vez que ella se abalanza en dirección a los ruidos invisibles.
En el otro extremo de la piscina están el «tanque», la zona destinada a saltos, y la torre elevada del trampolín. En la terraza de detrás está la CAF TERÍA, y a ambos lados de la misma, atornillados sobre las entradas de cemento de las duchas oscuras y húmedas y los vestuarios, están los megáfonos de metal gris que emiten el hilo musical de la piscina, ese ruidito metálico y mortecino.
Caes bien a tu familia. Eres inteligente y callado, respetuoso con los mayores, aunque no te faltan agallas. Te portas bien en general. Vigilas a tu hermana pequeña. Eres su aliado. Tenías seis años cuando ella tenía cero y estabas enfermo de paperas cuando la trajeron a casa envuelta en una manta amarilla muy suave; le diste un beso de bienvenida en los pies por miedo a contagiarle las paperas. Tus padres dijeron que aquello era un buen augurio. Que marcaba la tónica. Ahora creen que tenían razón. Están orgullosos de ti y satisfechos en todos los sentidos y se han retirado a esa distancia afable en la que se mueven el orgullo y la satisfacción. Os lleváis bien. Feliz cumpleaños. Es un gran día, tan grande como la bóveda del cielo del suroeste. Lo has estado cavilando. Ahí arriba está el trampolín. Pronto querrán marcharse. Súbete y hazlo.
Te sacudes de encima la limpieza azul. Estás lleno de cloro, suave y resbaladizo, reblandecido, con las yemas de los dedos arrugadas. La niebla de olor demasiado limpio de la piscina se te ha metido en los ojos; descompone la luz en colores suaves. Te golpeas la cabeza con la base de la mano. En un lado de la cabeza suena un eco fofo. Inclinas la cabeza hacia ese lado y das un saltito, un calor repentino en tu oído, delicioso, mientras el agua calentada en tu cerebro se enfría en el nautilo exterior de tu oreja. Ahora oyes la música más nítida y metálica, los gritos más cercanos, mucho movimiento en mucha agua.
La piscina está llena para ser tan tarde. Hay chicos flacos, hombres peludos como animales. Chicos desproporcionados, todo cuello, piernas y articulaciones huesudas, estrechos de pecho y vagamente parecidos a pájaros. Como tú. Hay ancianos que se mueven a tientas por la parte menos profunda con las piernas rígidas como patas de palo, palpando el agua con las manos, fuera de todos los elementos a la vez.
Y niñas-mujeres, mujeres, curvilíneas como instrumentos o como frutas, con la piel barnizada de color castaño oscuro, la parte superior de sus bañadores sostenida por frágiles nudos de cordón de colores delicados que aguantan el peso de cargas misteriosas, la parte inferior encabalgada sobre las suaves prominencias de unas caderas totalmente distintas a las tuyas, hinchazones desmedidas y giratorias que se funden bajo la luz con un espacio circundante que sostiene y acomoda sus curvas suaves como si fueran objetos preciosos. Casi lo puedes entender.
La piscina es un sistema de movimientos. Aquí y ahora se ven: chapoteos, combates de salpicaduras, zambullidas, acorralamientos en las esquinas, Tiburones y Sardinas, caídas desde lo alto, Marco Polo (tu hermana todavía Lo es, medio llorosa, hace demasiado rato que Lo es, el juego rayano en la crueldad, pero no te compete defenderla ni avergonzarla). Dos chicos de color blanco brillante con toallas de algodón atadas como si fueran capas corren por el borde de la piscina hasta que el socorrista les hace detenerse en seco gritando por el megáfono. El socorrista es de color castaño como un árbol, el vello rubio le forma una línea vertical sobre el estómago, lleva un sombrero de explorador de la selva y su nariz es un triángulo blanco de crema. Una niña rodea con el brazo una de las patas de su torreta. Está aburrido.
Ahora sales y pasas junto a tus padres, que están tomando el sol y leyendo y no te miran. Olvídate de tu toalla. Detenerse a recoger la toalla significa hablar y hablar requiere pensar. Has decidido que el miedo lo causa básicamente el hecho de pensar. Sigue adelante, hacia el tanque que hay en el extremo hondo de la piscina. Al borde de tanque hay una torre enorme de hierro de color blanco sucio. Un trampolín sobresale de la alto de la torre como una lengua. La terraza de cemento de la piscina es áspera y está caliente al tacto de tus pies llenos de cloro. Cada una de las huellas que dejas es más fina y tenue. Va menguando detrás de ti sobre la piedra caliente hasta desaparecer. Flotan hileras de salchichas de plástico alrededor del tanque, que es un mundo en sí mismo, ajeno al ballet convulsivo de cabezas y brazos del resto de la piscina. El tanque es azul como la energía, pequeño y profundo y perfectamente cuadrado, flanqueado por las calles de la piscina y por la cafetería y la terraza áspera y caliente y la sombra inclinada bajo la luz del atardecer de la torre y el trampolín. El tanque está silencioso y tranquilo y quieto en el lapso entre dos zambullidas.
Tiene un ritmo propio. Como la respiración. Como una máquina. La cola de quienes esperan para subir al trampolín forma una curva que retrocede desde la escalera de la torre. La cola se tuerce gradualmente y se endereza al acercarse a la torre. Uno por uno, van llegando a la escalera y suben. Uno por uno, separados por un latido del corazón, alcanzan la lengua del trampolín que hay en lo alto. Y una vez en el trampolín, hacen una pausa, siempre exactamente la misma pausa que se prolonga durante un latido del corazón. Sus piernas los llevan hasta el extremo, donde todos dan el mismo bote para impulsarse y trazan una curva con los brazos como si estuvieran dibujando algo circular y total. Pisan con fuerza el extremo de la tabla y hacen que esta los lance hacia arriba y afuera.
Es una máquina de descensos en picado, de líneas de movimiento discontinuas a través de la dulce neblina de cloro del atardecer. Uno puede contemplar desde la terraza cómo golpean la superficie fría y azul del tanque. Cada zambullida crea un penacho blanco que se eleva, se desploma sobre sí mismo, se extiende y se deshace en forma de espuma. Luego aparece un azul puro en medio de la mancha blanca y crece como un pudín, hasta limpiarlo todo de nuevo. El tanque se cura a sí mismo. Tres veces mientras tú recorres el camino.
Estás en la cola. Mira a tu alrededor. Tienes que parecer aburrido. En la cola casi nadie habla. Todos parecen ensimismados. La mayoría miran la escalera y parecen aburridos. Casi todos tenéis los brazos cruzados y estáis congelados por un viento vespertino que se está levantando y que golpea las constelaciones de partículas de cloro azul puro que cubren vuestras espaldas y vuestros hombros. Parece imposible que todo el mundo pueda estar tan aburrido. A tu lado tienes el extremo de la sombra de la
torre, la lengua negra inclinada que es el reflejo del trampolín. La sombra es un sistema enorme, largo, escorado a un lado y unido a la base de la torre formando un ángulo oblicuo y agudo.
Casi todos los que están en la cola del trampolín miran la escalera. Los chicos mayores miran el trasero a las chicas mayores que suben. Los traseros están enfundados en una tela suave y fina, en nilón ajustado y elástico. Los buenos traseros ascienden por la escalera como péndulos sumergidos en líquido, siguiendo un código lento e indescifrable. Las piernas de las chicas te hacen pensar en ciervos. Tienes que parecer aburrido.
Mira más allá. Mira al otro lado. Puedes ver perfectamente. Tú madre está en su hamaca, leyendo, con los ojos entornados, con la cara inclinada hacia arriba para recibir la luz del sol en las mejillas. No ha mirado para ver dónde estás. Da un sorbo de alguna bebida dulzona de una lata. Tu padre está tumbado sobre su enorme panza, su espalda parece una cresta en el lomo de una ballena, los hombros cubiertos de rizos de pelo animal, la piel untada de aceite y de color castaño oscuro por culpa del exceso de sol. Tu toalla está colgando de la silla y ahora se mueve una punta de la tela: tu madre la ha golpeado al espantar a una abeja a la que parece gustarle lo que ella tiene en la lata. La abeja vuelve enseguida y parece flotar inmóvil sobre la lata trazando un suave borrón. Tu toalla tiene una cara enorme del oso Yogi.
En algún momento ha tenido que haber más gente en la cola detrás de ti que delante. Ahora no hay nadie por delante excepto tres personas que suben por la estrecha escalerilla. La mujer que hay delante de ti está en los travesaños de abajo, mirando hacia arriba. Lleva un bañador ajustado de nilón negro de una sola pieza. Asciende. Desde lo alto llega un retumbo, luego una caída tremenda, un penacho y el tanque se cura a sí mismo. Ahora quedan dos personas en la escalera. Las normas de la piscina dicen que solamente puede haber una persona en la escalera, pero el socorrista nunca grita a los que suben. El socorrista es quien dicta las verdaderas normas gritando o dejando de gritar.
La mujer que hay por encima de ti no tendría que llevar un bañador tan ajustado. Es tan mayor como tu madre e igual de corpulenta. Es demasiado corpulenta y está demasiado blanca. Su bañador rebosa. La parte posterior de sus muslos queda constreñida por el bañador y tiene un aspecto parecido al queso. Sus piernas están marcadas con los garabatos pequeños y abruptos de las venas varicosas y azules que circulan por debajo de la piel blanca, como si sus piernas tuvieran algo roto o herido. Parece que sus piernas tendrían que doler si uno las apretara, de tan llenas como están de garabatos árabes retorcidos de un azul roto y frío. Sus piernas hacen que te duelan las tuyas.Los travesaños son muy delgados. No te lo esperabas. Cilindros delgados de hierro envueltos en fieltro de seguridad mojado y resbaladizo. El olor del hierro mojado a la sombra te hace sentir un sabor metálico. Cada travesaño se te clava en las plantas de los pies y te deja una marca. Las marcas se clavan hondo y duelen. Te sientes pesado. Cómo debe de sentirse la mujer corpulenta que tienes por encima. Los pasamanos a los lados de la escalera también son muy delgados. Parece que no puedan sostenerte. Confías en que la mujer también se coja bien. Y, por supuesto, desde lejos parecía que hubiera menos travesaños. No eres estúpido.
Subes hasta la mitad, a la vista de todos, la mujer corpulenta por delante de ti, un hombre robusto, calvo y musculoso bajo tus pies. El trampolín todavía está lejos en lo alto y es invisible desde aquí. La tabla retumba y hace un ruido batiente, y un chico al que puedes ver a lo largo de unos cuantos pies a través de los finos travesaños de la escalera cae trazando una línea resplandeciente, con una rodilla abrazada contra el pecho, y se zambulle al estilo bomba. Un enorme signo de exclamación de espuma aparece en tu campo visual, se disgrega y se desmorona sobre el enorme borbotón. Luego, el murmullo del tanque curando de nuevo su superficie azul.
Más travesaños delgados. Agárrate fuerte. La radio se oye más alta aquí, uno de los altavoces colocado sobre una de las entradas de cemento de los vestuarios te queda a la altura de los oídos. Un tufillo húmedo y frío sale del interior del vestuario. Te agarras fuerte a las barras de hierro, te doblas, miras hacia abajo y a tu espalda y puedes ver a la gente comprando chucherías y refrescos allí abajo. Puedes verlo todo desde arriba: la cima blanca y limpia de la gorra del vendedor, los envases de helado, las neveras de latón humeantes, los tanques de sirope, las serpientes de las mangueras de soda, las cajas abultadas de palomitas saladas recalentadas por el sol. Ahora que estás en lo alto puedes verlo todo.
Hace viento. Cuanto más alto llegas más viento hace. El viento es fino; cuando sopla a la sombra te enfría la piel mojada. Con el fondo de la escalera y a la sombra tu piel se ve muy blanca. El viento te produce un silbido agudo en los oídos. Faltan cuatro travesaños para el final de la escalera. Los travesaños te hacen daño en los pies. Son delgados y te demuestran cuánto pesas. En la escalera pesas mucho. El suelo te quiere de vuelta.
Por fin puedes ver lo que hay por encima de la escalera. Ves el trampolín. La mujer está ahí. Tiene dos caballones de callos rojos y de aspecto doloroso en la parte posterior de los tobillos. Está de pie al principio del trampolín y le miras los tobillos. Ahora estás por encima de la sombra de la torre. El hombre corpulento que hay debajo de ti está mirando por entre los travesaños de la escalera el espacio que la mujer tiene que atravesar.
Ella se detiene durante el instante que dura un latido del corazón. No hay ni rastro de lentitud. Te quedas helado. En un abrir y cerrar de ojos llega al final del trampolín, toma impulso hacia arriba, luego hacia abajo, el trampolín se comba hacia abajo como si no la quisiera. Luego asiente, rebota y la arroja violentamente hacia arriba y hacia fuera. Sus brazos se abren para trazar el círculo y de pronto desaparece. Se esfuma en un parpadeo oscuro. Y pasa tiempo antes de que oigas el impacto allí abajo.
Escucha. No parece apropiado, esa manera de desaparecer durante el tiempo que transcurre hasta que se oye el ruido. Como cuando tiras una piedra en un pozo. Pero te da la impresión de que ella no piensa lo mismo. Ella era parte de un ritmo que excluye el pensamiento. Y ahora tú también te has convertido en parte de él. El ritmo parece ciego. Como las hormigas. Como una máquina.
Decides que es necesario pensar en esto. Después de todo, puede ser apropiado hacer algo temible sin pensarlo, pero no cuando lo temible es el propio hecho de no pensar, Ion cuando resulta que el penar es inapropiado. En algún momento los detalles inapropiados se han amontonado hasta cegarte; el aburrimiento fingido, el peso, los travesaños finos, el dolor en los pies, el espacio segmentado por la escalera en encuadres unidos solamente mediante una desaparición en el tiempo. El viento en la escalera que nadie hubiera esperado. La manera en que el trampolín sobresale de la sombra para entrar en la luz y no puedes ver más allá de su extremo. Cuando todo resulta distinto a lo esperado uno tendría que ponerse a pensar. Es lo que habría que hacer.
La escalera está atestada debajo de ti. La gente está apilada, separados los unos de los otros por unos pocos travesaños. La escalera está conectada a una nutrida cola que retrocede y traza una curva hasta la oscuridad de la sombra escorada de la torre. La gente de la cola tiene los brazos cruzados. Los que están al pie de la escalera están ansiosos y miran todos hacia arriba. Es una máquina que solamente se mueve hacia delante. Subes a la lengua de la torre. El trampolín resulta ser muy largo. Tan largo como el tiempo que pasas en él. El tiempo se ralentiza. Se condensa a tu alrededor mientras tu corazón late cada vez más veces por segundo y sus latidos abarcan todos los movimientos del sistema de la piscina allí abajo.
El trampolín es largo. Desde donde estás parece estrecharse hasta la nada. Te va a enviar a alguna parte que su propia longitud te impide ver y parece inadecuado entregarse a esto sin pararse a pensar.
Mirado de otro modo, el mismo trampolín no es más que una cosa larga, plana y delgada cubierta con una sustancia plástica blanca y áspera. La superficie blanca es muy áspera y tiene motas y rayas de un color rojo pálido y acuoso que sin embargo nunca deja de ser rojo para convertirse en rosa: viejas gotas de agua de la piscina que atrapan la luz del sol vespertino sobre las montañas escarpadas. La sustancia blanca y áspera del trampolín está mojada. Y fría. Los pies te duelen por culpa de los travesaños delgados y tienen una sensibilidad exacerbada. Se resienten de tu peso. Hay barandillas en el principio del trampolín. No son como las barras laterales de la escalera. Son gruesas y están muy bajas, de modo que casi tienes que agacharte para cogerte a ellas. Solamente son de adorno, nadie se coge a ellas.. Agarrarse lleva tiempo y altera el ritmo de la máquina.
Es un trampolín largo, frío, áspero y blanco de plástico o fibra tic vidrio, veteado del mismo color triste cercano al rosa que las golosinas baratas. Pero al final del trampolín blanco, en su extremo, en donde te apoyas con todo tu peso para hacer que te arroje lejos, hay dos zonas de oscuridad. Dos sombras planas bajo la luz del sol. Dos formas ovales difusas y negras. El final del trampolín tiene dos manchas sucias.
Son de toda la gente que ha pasado antes que tú. Mientras estás aquí de pie tus pies están reblandecidos y marcados, doloridos por la superficie áspera y mojada, y ves que las dos manchas oscuras las ha hecho la piel de la gente. Es piel erosionada de los pies por la violencia de la desaparición de gente provista de un peso real. Más gente de la que podrías contar sin perderte. El peso y la erosión causada por su desaparición deja trocitos de pies reblandecidos, migas, grumos y tiras de una piel sucia, oscurecida y morena cuyos trocitos diminutos y deslavados se ven a la luz del sol al final del trampolín. Se amontonan, se deslavan y se mezclan. Se oscurecen formando dos círculos. Fuera de ti el tiempo no transcurre en absoluto. Es asombroso. El ballet vespertino que tiene lugar allí abajo se mueve a cámara lenta, con los movimientos pesados de mimos sumergidos en jalea azul. Si quisieras podrías quedarte aquí encima para siempre, vibrando tan deprisa por dentro que flotarías inmóvil en el tiempo, como una abeja flotando sobre alguna sustancia dulce. Pero tendrían que limpiar el trampolín. Cualquiera que lo piense un segundo se dará cuenta de que tendrían que limpiar del extremo del trampolín toda esa piel de la gente, esas dos huellas negras de lo que queda del pasado, esas manchas que desde aquí detrás parecen ojos, ojos ciegos y bizcos.
El sitio donde estás ahora es tranquilo y silencioso. La radio grita al viento y chapotea en otra parte. No hay tiempo ni más sonido real que tu sangre chillándote en la cabeza.
Estar aquí en lo alto comporta visiones y olores. Los olores son íntimos, recién blanqueados. Es ese peculiar aroma floral de la lejía, pero de su interior emanan otras cosas hacia ti como una nieve sembrada de hierba. Notas un olor intenso a palomitas amarillas. A un aceite dulce y tostado como el de los cocos calientes. Deben de ser perritos calientes o maíz tostado. Un rastro diminuto y cruel de Pepsi muy oscura en vasos de papel. Y ese olor especial a toneladas de agua emanando de toneladas de piel, elevándose como el humo de un baño reciente. Calor animal. Desde lo alto es más real que nada.
Míralo. Puedes verlo todo en toda su complejidad, azul y blanco, marrón y blanco, bañado en un destello acuoso de color rojo cada vez más intenso. Todo el mundo. Esto es lo que la gente llama una vista. Y sabías que desde abajo no te podía parecer que estuvieras tan alto aquí arriba. Ahora ves qué alto te encuentras. Sabías que desde abajo no se puede saber.
El tipo que tienes debajo te dice, con la vista clavada en tus tobillos, el hombre calvo y corpulento: Eh, chico. Quieren saber. ¿Tienes pensado pasarte todo el día aquí o qué te pasa exactamente? Eh, chico, ¿estás bien?
Todo este tiempo ha habido tiempo. No puedes matar al tiempo con el corazón. Todo ocupa tiempo. Las abejas tienen que moverse muy deprisa para permanecer quietas.
Eh, chico, te dice. Eh, chico, ¿estás bien?
Brotan flores metálicas en tu lengua. Ya no hay tiempo para pensar. Ahora que hay tiempo no tienes tiempo.
Eh.
Lentamente ahora, atravesándolo todo, surge una mirada que se extiende como las ondas que aparecen en el agua cuando lanzas algo. Mira cómo se extiende desde la escalera. Tu hermana, a la que acabas de ver, y sus amigas blancas y delgadas, señalándote. Tu madre mira hacia la parte menos profunda de la piscina donde estabas antes y pone la mano en forma de visera. La ballena se agita y se sacude. El socorrista levanta la vista, la niña que le agarra la pierna levanta la mirada, echa mano al megáfono.
Debajo para siempre hay una terraza áspera, chucherías, música tenue y metálica, ahí abajo donde solías estar. La cola está abarrotada y no permite marcha atrás. Y el agua, por supuesto, solamente es blanda cuando estás en su interior. Mira hacia abajo, Ahora se mueve bajo el sol, llena de monedas duras de luz dotadas de un resplandor rojizo a medida que se alejan y se funden con una niebla que es1a sal de tu propio sudor. Las monedas estallan formando lunas nuevas, cascotes alargados procedentes de los corazones de estrellas tristes. El tanque cuadrado es una sabana fría y azul. Lo frío es una modalidad de lo duro. Una modalidad de la ceguera. Te han pillado desprevenido. Feliz cumpleaños. ¿Creías que ya había pasado? Sí y no. Eh, chico.
Dos manchas negras, un momento de violencia y desapareces en el pozo del tiempo. La altura no es el problema. Todo cambia cuando vuelves abajo. Cuando impactas con todo tu peso.
Entonces, ¿cuál es la mentira? ¿Lo duro o lo blando? ¿El silencio o el tiempo?
La mentira es que haya que elegir entre una cosa y otra. Una abeja quieta y flotante se mueve demasiado deprisa para pensar. Desde lo alto la dulzura la hace enloquecer.
El trampolín asentirá y tú saldrás despedido, y los ojos de piel podrán cruzar a ciegas un cielo empañado de nubes, la luz horadada se vaciará detrás de esa piedra afilada que es la eternidad. Que es la eternidad. Pisa la piel y desaparece.
Hola.

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Una obra maestra a media luz -Sparklehorse/Danger Mouse http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net/post/2009/07/26/una-obra-maestra-media-luz-sparklehorse-danger-mouse 2009-07-26T04:56:34+00:00

 

Dark Night of the Soul es un proyecto multimedia diseñado a partes iguales por el ubicuo Danger Mouse, Mark Linkous (Sparklehorse) y el cineasta David Lynch; este aporta un libro de fotografías para ilustrar las 13 composiciones que Mouse y Linkous prepararon en compañía de una lista de colaboradores de escándalo como Frank Black, Iggy Pop, los Flaming Lips o Vic Chesnutt.

 

Hasta que la compañía EMI decidió que no podía editarse. Lynch se quedó solo en su defensa del proyecto ante los abogados de manera que, finalmente, Dark Night of the Soul se publicó reducido al formato de libro de fotografías sin música. El toque de humor: el libro salió al mercado con un CD-R de regalo que Mouse invita a usar “para lo que quieras”, sugiriendo que, ya que no podrás hacerte con una copia legal de su música, te la descargues aprovechando que se ha liberado (¿inocentemente?) por Internet.

Líos legales aparte, sólo podemos lamentar que Dark Night of the Soul se haya quedado en proyecto truncado; las 13 piezas musicales grabadas por Mouse y Linkous son una de las colecciones más perfectas de rock alternativo en todas sus encarnaciones.

El lado melancólico de los Flaming Lips en Revenge, la psicodelia más dulzona y beatle de que es capaz Gruff Rhys en Just War o la inesperada resurrección del Stroke Julian Casablancas en Little Girl son sólo tres de las muchas razones para acordarse de la madre de EMI en esta operación.

En Dark Night of the Soul, Black Francis se desmelena (es un decir) en Angel’s Harp, Iggy Pop vuelve a rugir en Pain y James Mercer (The Shins) pone los pelos de punta en la tensa y agridulce Insane Lullaby. El propio David Lynch firma dos surrealistas piezas (Star Eyes y Dark Night of the Soul) en un asombroso mano a mano con Mouse y Linkous, y hasta Suzanne Vega vuelve a la vida en la rugosa The Man Who played God. También Mark Linkous se suma a la lista en un flirt de country folk con Nina Persson (The Cardigans), justo a tiempo de que Vic Chesnutt se desparrame por los suelos en la psicodélica y fúnebre Grim Augury. Jason Lytle, por fin, rubrica dos plácidas baladas en Everytime I’m with You y Jaykub.

 

 En todas ellas, la mano mágica de Danger Mouse, produciendo cada corte al detalle y aportando la calidez de bases y arreglos que elevan cada canción a la máxima potencia…

Sería un apropiado disco del año, de no ser por el pequeño detalle de que no va a editarse. Y hablando de todo un poco. ¿Te imaginas qué hice con el CD-R de regalo? Sí, eso.

 

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ESTELARES y WILCO VAN CAMINO A LO MEJOR DEL 2009 http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net/post/2009/07/22/estelares-y-wilco-van-camino-lo-mejor-del-2009 2009-07-22T20:06:02+00:00

Manu, entregá la remera de Wilco.

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Pronto vuelvo, pero adelanto.

Una Temporada en el Amor, nuevo disco de ESTELARES va camino a lo mejor de 2009.

 

El talento de Moretti debe agradecerse en medio de tanta liviandad pop rock argenta.

 

Desde afuera, los hermosos WILCO, de la mano del gran JEFF TWEEDY han editado un disco notabilìsimo.

 

SPINETTA ES GARDEL,,,,, VAYA NOVEDAD.

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LUCES DE LA CIUDAD EN LA ANTOLOGIA DE CALAMARO http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net/post/2009/04/30/luces-la-ciudad-la-antologia-calamaro 2009-04-30T07:41:45+00:00 Agradezco a Andrés Calamaro por haberme invitado a participar de la antología  "Andrés-Obras Incompletas", de reciente aparición.

Compartimos con Andrés cuestiones estético-musicales, pertenecemos a la misma generación y yo, desde mi humilde condición de melómano, reconozco en él a uno de los más talentosos artistas que dio ese geleainoso concepto que es la "música popular".

Es un orgullo para mí y, obvio, para LUCES DE LA CIUDAD haber aportado el granito de arena necesario para que este trabajo se transforme en histórico y excepcional.

Comparto con los lectores de LUCES DE LA CIUDAD los textos escritos por mí en 4 canciones que forman parte del BOX, y se encuentran en un impactante libro. Estar al lado de Joey Blaney, Enrique Morente y otros me llena de placer.

Aquí los textos que encontrarán en el BOX RECIENTEMENTE PUBLICADO (seis cd's y dos DVD)


MI FUNERAL 11
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Mi Funeral 11 es la Biblia de los 22, de los que son diferentes de
verdad: de aquellos que matarían por 5 minutos de felicidad, jamás
por alguna nimiedad.

Mi Funeral 11 es el Cambalache de quienes piden no quemarse más en la
maldad del infierno, pero lo imploran en silencio, sin que nadie los
oiga. Los que se hartaron del plan gelatinoso-intelectual de ver
películas de Jim Jarmush y Abel Ferrara un sábado a la noche mientras
la cabeza vuela hacia otro lado.

Mi Funeral 11 es mi Libro Azul, mi breviario de la podredumbre (bien
quisiera haber escrito el noble nihilista rumano Emile Cioran esas
palabras cargadas de "scraving" y corazón demandante de... Otros 5
minutos de felicidad).

Porque, vamos, quién podría explicar científicamente qué es la felicidad.

Sabemos los 22 que no dura más que esos 300 segundos. Y cada uno los
encuentra en el fondo de su alma. Los míos son la armonía familiar,
tres palabras que no son melosas en boca de mi hija ("Papá, te
quiero"). Y por qué no, en el "happening" cuasi solitario que
demuestra que, el dulce de leche, feo no es...


¿Y qué más? Mi Funeral 11 soy yo respondiéndole a mi doctor una
pregunta que baja línea pesada: "Usted, Maronna, ¿por qué mataría?". Y
quien escribe, despatarrado en el diván, diciendo: "Por 5 minutos de
felicidad". Tras esto, la letra completa, catártica, que fluye ya no
como agua podrida. Y el doctor diciendo: "¡Pero eso es de una lucidez
extrema!".


Vaya novedad señor doctor, de haber escuchado esa letra Elliot Smith
seguiría rasgando su guitarra y Dave Foster Wallace escribiendo
maravillas.


Mi Funeral 11 con ese trasfondo jazzero, está allá arriba, lejos,
encapsulada en el espacio. Y cuando la llamo, en estado de bajón
profundo, viene a buscarme. Y nos vamos a escudriñar por dónde andan
esos otros 5 minutos de felicidad.

MAURICIO MARONNA

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ALL YOU NEED IS POP (REMIX)

Andrés en plan Royksöpp, sacándose las envolturas, invitando al
trance, bajando al lounge, mandando letra fina para oídos avispados.

Nadie que te dice "no va más" desea "que te vaya bien", más bien
pretende que te pongas el cemento de frente.

La contundencia de El Salmón con sus métodos de grabación caseros como
chorizos de campo se permite hasta estos lujos: remixar, exudar, sacar
la adrenalina contenida.

Sí que se mueven hasta las alas, y uno no se encuentra con la vanidad
sino con ese desparpajo contenido de bailar desnudo frente al espejo o
acercarse a lo Gerard Depardieu a una damisela plantada en una barra
con una copa de champagne y una aceituna haciendo más grandes las
burbujas.

Calamaro cambia los registros de su voz según cómo venga la marea mix.
El sonido de los bronces dice: acá está el Café del Mar que tanto te
gusta.

Cuando mezcla como en un lavarropas viene el DJ Gaucho a invitarte a
desacralizar la monumental tonelada de canciones que te hicieron mirar
el techo o, mejor, el lado oscuro de la luna.

All you need is pop, linkea con la felicidad. Puede que consiga
olvidar la montaña de horror, la mano que te enseña a perder.

Se trata de pulsar "play" y darle realismo a estar de lo más fetén con
nuestra propia soledad. Siempre es bueno encontrar antes de buscar,
ahí donde nunca entra el sol.

All You need is Pop. El arte de dejarte llevar.

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RIVOTHRILLER

Tony Soprano tenía un gran dilema y se lo confiaba a su sensualpsiquiatra, tras engullirse cantidades industriales de Prozac paraintentar (a veces) un medio rictus de felicidad. ?¿De que estánpletóricos esos tipos que van por la calle con la sonrisa boba??,decía el jefe.

Y descerrajaba sus intenciones de exterminarlos de lafaz de la tierra.Andrés Calamaro (como
cualquier espíritu sensible) necesitaba (tal veznecesite) de un poco de clonazepán para soportar las bocinas de loscoches a la mañana. Como yo, como vos.


Pero vaya uno a saber por qué un buen día, madrugada, tarde o noche(que a veces es lo mismo) se cansó de tragarse las pastillas de lacajita de 2 miligramos, encendió su teclado multiefecto y se largó arepasar las prescripciones, chirriando y metiendo capas de voces comosi se tratara de un murciélago atrapado.Advertencia, este tema tiene contraindicaciones para los que creen quela vida se ve con un ?zoom anatómico? (ironía filosa escrita por JeanBaudrillard), y puede ser hasta divertida para quienes lo primero queguardan (guardamos) en la maleta antes de salir de viaje es el blisterque Calamaro aporrea. El clonazepam comparado ahora con otrosmedicamentos es como un placebo para los que siguen las indicacionesdel psiquiatra. (Ya te podés juntar con el músico furtivo).


Leo al querible escritor inglés Nick Hornby, en su libro AltaFidelidad: ?Las personas más desgraciadas que yo he conocido,románticamente hablando, son las que tienen un desarrollado gusto porla música pop. Yo no sé si la música pop es la causante de estainfelicidad, pero sí tengo muy claro que han escuchado esas cancionesinfelices desde hace más tiempo del que llevan viviendo una vida más omenos infeliz. Así de claro?. Como el agua estancada. Pop no esBritney Spears, es Radiohead y su ristra de grupos que se embebieronde su influencia. Pop (aunque no le guste) es Calamaro.Por eso el Rivo, sólo es Rivothriller cuando lo engullís como sifueran caramelos. Y si andás por los cuarenta, y no sabés de qué setrata, permitime desconfiar. Como de los que usan barba candado.


EL MANIFIESTO COMUN


Las cosas por su nombre. Una sesión de tortura. Unos días en elinfierno de un centro clandestino de detención. El ultraje, el horror.Los adjetivos están acá: Uno a uno.Con un Rohland que suena como una guitarra ¿aflamencada?, que te erizala piel. Aquel ?Por? de Luis Alberto Spinetta, que enlazaba palabras ysonoridades, desembocando en la ciénaga del exterminio.Con la voz deformada de Calamaro convirtiendo a Scott Walker en unminimalista.La canción más cruda que se haya escrito sobre la represión en ladictadura estaba escondida en los archivos de El Salmón.

Y no sale ala luz.

Sale a la oscuridad de las tinieblas, de las catacumbas.El Manifiesto Común perturba, taladra sensibilidades, asfixia,demuele. Es brutalmente explícita, como brutales fueron losrepresores, como explícitas fueron las torturas, el robo de bebés, las violacione. Las desapariciones.

Nadie sale igual tras este manifiesto nada común.

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Se retiran Los Piojos, ¡¡¡gracias a Dios!!! http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net/post/2009/04/30/se-retiran-piojos-gracias-dios 2009-04-30T05:07:17+00:00

 

 

En buena hora que Los Piojos le digan adiós a la música. En verdad, jamás le habían dicho "hola".

El grupete conducido por Andrés Ciro le hizo demasiado daño a los oídos de decenas de miles de pibes, que  creyeron que lo "tribal" se emparentaba con las corcheas.

Chau, y no vuelvan más.     

 

(ver reseña disco en este mismo blog) 

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Peter Doherty, y un disco de luxe http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net/post/2009/04/30/peter-doherty-y-disco-luxe 2009-04-30T04:37:41+00:00   No hay ninguna duda de que Pete Doherty tiene talento. Negarlo a estas alturas es impensable, a pesar de que popularmente sea conocido por lo que es, o mejor dicho, por lo que ha sido..

 En este disco vuelve a ser ese chico tranquilo, carismático, que mientras se comía un croissant pensaba: "Noel's a poet and Liam's a town cryer".  Bien, lo suyo sería decir que Liam sigue siendo un llorón, Noel sigue siendo un poeta, y que Pete Doherty está consiguiendo poco a poco llegar al nivel requerido, mediante este álbum, y mediante todas las obras escritas (con sangre o con tinta, Bic naranja o Bic cristal) que está legando no se sabe bien a quién.

 

 Recupera además una faceta de cantautor de la que dejaba unas huellas en "Shotter's Nation", canciones como "There She Goes" o "Lost Art of Murder". En ocasiones "Grace/Wastelands" nos recuerda una música propia de los cabarets de los años 30. Otras veces Pete recupera ritmos perdidos y olvidados como en el caso de "Arcady", la cual para mi gusto con otra guitarra de la que cuelgue un tal Carl Barat (a poder ser) no desentonaría en ninguno de los dos discos de The Libertines."Last of the English Roses" es quizás la canción más trabajada y producida del disco, no en vano es el single de lanzamiento, junto con un controvertido videoclip, que realmente choca con lo que a priori Pete debería haber buscado con este álbum, reconocimiento frente a sensacionalismo.

 

"1939 returning" es una canción bonita, para la cual es indispensable leer las letras, cargadas de sentimiento... es curioso que está canción en un principio fue pensada para ser cantada a dúo con Amy Winehouse, amiga y compañera de guateques del señor Doherty."A little death around the eyes" tiene un tinte romántico oscuro, condicionado por los violines de fondo. Está escrita por Barat y Doherty. Del resto de las canciones destacamos "Salomé", inspirada por la obra homónima de Oscar Wilde; "Sheepskin Tearaway", escrita y cantada con Dot Allison (cantautora escocesa, poco conocida por estas tierras); y por último "Broken Love Song", escrita con Peter Wolfe, poeta y cantante inglés muy asociado al ambiente de estupefacientes que rodea al libertino.

 

El resto del álbum se pierde entre saxofones, pianos, blues, la voz de Pete Doherty que pide algo más que un Angileptol a cada canción, y por supuesto, el halo místico que envuelve a las cosas bien hechas. En definitiva, un buen disco que rompe con la línea marcada por "Down in Albion" y "Shotter's Nation", donde Pete se abre a sí mismo las puertas y las ventanas del talento, de la buena música, de la poesía, de la armonía, y por tanto, de nuevo del reconocimiento que tan al fondo del armario lo había arrinconado él mismo.

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Exclusivo Luces de la Ciudad (al menos un ¡gracias!) http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net/post/2009/04/07/exclusivo-luces-la-ciudad-al-menos-gracias 2009-04-07T08:21:43+00:00 Creo _sin temor a errar por mucho_ que se viene un momento bisagra en la historia del rock argento.

 

La Antología de Andrés Calamaro (con sorpresitas y acto de presencia de Luces (yo).

 

Gracias a la generosidad de Andrés publico aquí lo que será parte de uno de los dos DVD que acompañarán a los seis (sí seis-6) discos de la antología.

 

Al menos digan gracias, che.

 

Bachicha: http://www.youtube.com/watch?v=hjjA9_Lf2Hk

Paloma: http://www.youtube.com/watch?v=6dYiNfP53cw

LPDA: http://www.youtube.com/watch?v=Xg_0FeagA1A

A los ojos http://www.youtube.com/watch?v=96jr2D8ZYcg

DF: http://www.youtube.com/watch?v=ATUmKW3pqic

Guadalajara: http://www.youtube.com/watch?v=JK_lpqUpc0c

Trailer BOX: http://www.youtube.com/watch?v=pHk_QR55h84

UN FUERTE ABRAZO

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ADELANTO DE UN INEDITO DE LA ANTOLOGIA CALAMARESCA http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net/post/2009/03/16/adelanto-un-inedito-la-antologia-calamaresca 2009-03-16T11:12:02+00:00 http://www.youtube.com/watch?v=KAz0slT4zag

LO ESCUCHAS  PRIMERO EN LUCES DE LA CIUDAD

 

EL TEMA SE LLAMA HOP DE REALIDAD  Te

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http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net/post/2009/03/16/adelanto-un-inedito-la-antologia-calamaresca#comentarios
La Antología de Andrés Calamaro viene llegando http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net/post/2009/03/16/la-antologia-andres-calamaro-viene-llegando 2009-03-16T09:52:18+00:00

Andrés. Obras incompletas es el nombre de la antología que recorrerá la segunda parte de la carrera solista de Andrés Calamaro, de 1995 hasta la actualidad. Habrá que prestar atención ya que se va a editar en tres formatos diferentes:

Caja (Box set): De color negro y conteniendo seis CDs y dos DVDs. Los tres primeros CDs recogerán canciones ya publicadas anteriormente, los otros tres vendrán repletos de materiales inéditos: sí, todos esos que te puedes imaginar, más directos y sorpresas variadas. Los dos DVDs contendrán grabaciones tanto inéditas como conocidas: directos, vídeos, entrevistas, ensayos... Además, se incluye un completo libro de 184 páginas con textos de Andrés sobre cada una de las canciones apoyados por comentarios de músicos y periodistas que han estado presentes durante la gestación de esos mismos temas. Esta caja saldrá en España, Argentina y México.

CD y DVD: De color rojo, versión con un solo CD y un solo DVD. El CD será el primero de los tres que se incluyen en la caja -ideado como un potentísimo recopilatorio-, pero, con algunos cambios respecto a éste. El DVD será un resumen de los dos contenidos en la caja. Saldrá en los mismos países que la caja.

Sólo CD: De color blanco. Se trata del CD anterior, sin DVD, pensado para otros países.

El diseño de las diferentes ediciones ha sido obra de Rubén Scaramuzzino y su equipo de Zona de Obras.

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DESCARGALO A ANDRES CALAMARO CON INEDITOS http://lucesdelaciudad.lacoctelera.net/post/2009/01/23/descargalo-andres-calamaro-con-ineditos 2009-01-23T08:29:47+00:00

 

 

 

Como agradecimiento a los lectores de LUCES DE LA CIUDAD, un regalo que les va a gustar.

Con la aprobación del Mister AC, pueden bajar en forma gratuita varios temas con versiones inéditas de Andrés Calamaro.

Para eso: cliqueen o copien este link:

http://www.efeeme.com/home.aspx

De nada....

Especial para el sr tanguero José Luis M. Escuchar Los Mareados.

Luces de la Ciudad.-

 

 

 

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