Categoría: jazz
8 Julio 2010

Que a estas alturas de la vida un disco compuesto en gran parte de standards y complementado con versiones de algunas canciones (de amor) pueda taladrarme las emociones es como para dar por zanjado el eterno debate sobre si tiene o no sentido acudir hoy de forma reiterada al cancionero USAmericano. Claro que es ese un debate íntimo, particular, que Charlie Haden y Keith Jarrett han pretendido zanjar en mis narices. Es factible un disco sin originales y que resulte no tanto original como excitante y personal. Pero - ¡reclamo mi derecho al "pero", señores del jurado! - cierto es que hay que tener muy claro de qué va esto de la música para poder hacer que For all we know, Body and soul o Don´t ever leave me merezcan una nueva (enésima) versión y tanto Jarrett como Haden hace mucho que saben de qué va. Aunque hayan necesitado más de treinta años para hacérnoslo saber juntos ya que desde el último disco con el American Quartet del pianista no habían vuelto a disponer de un estudio que les escuchara juntos.
El sello alemán ECM (que publica el disco) envió un correo electrónico promocional que recogía el fragmento de una crítica (creo que de un diario británico) que venía a decir algo así como que si este año vas a comprarte un único disco gastes el dinero en este. Uno a veces sospecha sobre si hay una competición entre críticos que compiten porque su frase pase a formar parte de la promoción del "producto" - en cine las típicas de "la mejor del año" y derivados impresos en cartel - y esta tenía todas las de ganar. Aunque comparto con el firmante de la sentencia anglosajona el entusiasmo. Jasmine es una verdadera joya - aquí va mi frase para la competición -, un pétalo musical delicado - si no incluyen esta en el próximo mail de ECM... - que amenaza con romperse si alguien se inmiscuye en tu relación con la música - ¡vamos Manfred! ¡¡quiero mi momento Warhol!! -.
Declara Jarrett en las notas del libreto del disco que tanto él como Haden están obsesionados con la belleza. Bendita obsesión para los melómanos (obsesivos también nosotros) porque todavía hay bellezas standard que pueden embriagarnos como el perfume de este jazmín musical - recuerdo que estoy buscando abrirme un hueco en el próximo mail de ECM - producto de una cita doméstica. Porque este trabajo está registrado en el domicilio de Jarrett durante una estancia de cuatro días de Haden y su mujer invitados por el pianista. Previamente habían coincidido en el rodaje de un documental sobre el contrabajista en el que, tras una tocata informal treinta años después de su última vez juntos, la conexión musical fue tal que el pianista le invitó a pasar esos días. Allí con su American Steinway - que Jarrett dice que no está en el mejor de los estados pero con el que tengo una extraña conexión - y con el contrabajo de Charlie Haden empezaron a interpretar algunos temas. Y ya sea por estar en casa, porque no hubiera prisas o simplemente porque la sensibilidad musical de ambos es excepcional de allí salió una recopilación de baladas y medios tiempos (más bien lentos) que rasgan el silencio con suma delicadeza. Pocos sonidos serán tan silenciosos como los que producen la suma de ambos instrumentos en este disco. Y la escucha - si se ponen los medios ambientales para ello - transcurre con una placidez sumamente placentera en la que apenas se distingue un tema de otro. Y esa es una de las virtudes más llamativas de este disco. Los temas están, son reconocibles, pero una vez leídos pasan a formar parte de una atmósfera única que enmarca toda la sesión.
Keith Jarrett - que últimamente está muy sincero en las notas de los libretos - finaliza su discurso escrito con una invitación a escuchar este disco en pareja (marido, mujer o amante, explicita) tarde, por la noche. Es un disco eminentemente nocturno aunque quien esto escribe todavía sólo lo ha probado de día (entonces sirve para frenar excesos rítmicos). Y si en las notas de Testament relataba sus miserias amorosas, angustias vitales y problemas de salud en Jasmine reflexiona sobre la naturaleza de la música (que permite sentirse pleno (...) como sólo en la naturaleza del arte está producirlo de esta manera) o sobre el arte ahora (que está agonizando en este mundo, también la escucha, a medida que éste se llena de juguetes y efectos especiales). Reflexiones que revalúan el sentido del disco como soporte físico incluso para músicas tan intangibles como las de Jasmine.
servido por Mauricio
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4 Mayo 2010
Tord Gustavsen Trio, con sólo tres álbumes editados a la fecha, Changing Place de 2003, The Ground de 2005 y Being There de este año, ha logrado consolidar una propuesta musical que conjuga con sutil elegancia, reflexiva belleza y sinuosa melancolía, el jazz, el blues, el gospel, ciertos aspectos asociados al romanticismo y un innovador concepto sobre la libre improvisación.
En poco tiempo, este trío integrado por el contrabajista Harald Johnsen, el baterista Jarle Vespestad y su líder, el joven pianista y compositor Tord Gustavsen, se insertó con naturalidad en el gusto del público de jazz estadounidense, pese a provenir de una escena poco tradicional como la noruega.
Científicamente hablando, Tord Gustavsen no es ningún piscuí.
Se graduó en Musicología en la Universidad de Oslo y ha estado involucrado en una serie de tesis y proyectos académicos basados en la fenomenología y la psicología de la improvisación, además de desplegar una ardua tarea de investigación en campos no cubiertos por la teoría convencional del jazz y que abrevan en las fuentes de la psicología de relaciones desarrolladas por el psicoanalista alemán Helm Stierlin y la psicóloga noruega Anne-Lise Lovlie Schibbye.
Los estudios realizados por Gustavsen abordan temas como la relación entre la paradoja de vivir y la dinámica del arte. El ejercicio creativo expresado con una dialéctica neo-hegeliana como síntesis posmodernista de los dilemas artísticos esenciales, es decir, cercanía versus distancia, momento versus duración, gratificación versus frustración.
También ha profundizado en el enfoque de un plano de estimulante analogía entre la intimidad física, social y musical y el empirismo del jazz contemporáneo en relación con la teoría psicodinámica y el erotismo dialéctico de la improvisación. Clarito, ¿no?
Con mucho gusto explicaré todo esto, una vez que sepa de qué se trata.
Lo cierto es que este conglomerado teórico y la relajada forma en que se tradujo musicalmente, no parece guardar relación directa con la bravura vikinga asociada históricamente a la tradición noruega.
Lo más aproximado a una tesis musicológica que aplicó aquel legendario grupo étnico originario de Escandinavia, fueron unos pegadizos ritmos que obtenían haciendo percusión con un garrote sobre el cráneo de sus enemigos. Si bien esa moda deleitaba a los victoriosos guerreros, provocó el inmediato rechazo de... los enemigos. Sin embargo, las mujeres de estos últimos, paulatinamente fueron aceptando la situación, tal vez encandiladas por los enormes garrotes que portaban los vikingos.
Así fue cómo los valientes guerreros y las sufridas viudas se superpusieron entre sí, una y otra vez. Desconocemos las reales consecuencias de esta yuxtaposición étnica, pero según investigaciones históricas se ha podido comprobar que aquellas mujeres eran bastante fáciles de encandilar. Coincidentemente, fue durante esa etapa que los vikingos empezaron a usar cascos con cuernos.
Algunos adjudican el origen de la palabra vikingo al termino wik que significa "hombres del norte" u "hombres del mar". También hay quienes sostienen que deriva de la frase vik in que significaba "bahía adentro". Otros, en cambio, sugieren que procede de la región geográfica de Vik, Noruega. Incluso hay quienes dicen que el termino está inspirado en un joven de finos modales y larga cabellera ensortijada al que los recios guerreros llamaban cariñosamente Vicky.
Las crónicas vikingas están repletas de relatos aterradores pero no creo que los elegantes mozalbetes noruegos que se encuentran sobre el escenario del Jazz Bakery formen parte de esas historias.
Un solo de piano oficia como prólogo del melancólico At Home del álbum Being There. La fina narrativa de Gustavsen se expande en una serie de envolventes círculos concéntricos. Con mágica intensidad seduce, acaricia y mima las teclas, ubicándose mucho más lejos del glorioso pasado guerrero de Erik, el rojo que de los finos modales de Vicky.
Se incorporan a la estructura sonora el contrabajo de Johnsen y la batería de Vestpestad. Sus etéreos y casi intangibles aportes son como fantasmas que giran en derredor del piano.
Gustavsen, al igual que muchos postmodernos, explora con intensidad el rango medio del teclado. Toma elementos de Keith Jarrett, Glenn Gould y Bill Evans e intenta profundizar en el vocabulario, la dinámica y el fraseo que distinguen a uno de los pianistas más influyentes del siglo XX, Sergey Rachmaninoff, pero a su vez manifestando un contrastante y deliberado desapego al swing y a los orígenes africanos del jazz.
Siguen con Blessed Feet, también del álbum Being There. Gustavsen, partiendo del impresionismo de Debussy y Ravel, acerca al jazz una influencia de corte clásico europeo llena de lirismo, relajación e introversión. Mientras el contrabajo ofrece una segunda línea melódica detrás del piano, Vestpestad parece respirar sobre los parches.
La suma de estos elementos confluyen en un clima de reposado misticismo que invoca a la reflexión. ¿Y qué es la reflexión?
Eso dependerá de la óptica que se adopte, pero bien puede decirse que es un fenómeno por el cual un rayo de luz que incide sobre una superficie es reflejado. Al menos ésa es la óptica de la óptica.
Mientras reflexionamos sobre la reflexión, Gustavsen despliega un solo que, por la extraordinaria delicadeza de su pulsación, profundidad emocional y perfección técnica, remite a Chopin. Esa similitud incluye un recurrente uso del rubato que le permite a la mano derecha desviarse del compás a la vez que la mano acompañante toca con apego a él y...
¡Ya está! La reflexión se refiere al proceso de meditar...
Es que si no lo digo ahora, seguro que me olvido.
Cocoon abre con un extenso solo de piano de delicada sonoridad que impresiona no por su fuerza sino por los matices y contrastes y la extraordinaria delicadeza de su pulsación. Ingresan los fantasmas.
El contrabajo actúa como un eco lejano de la melodía y la batería aporta una sutil coloración rítmica a lo Paul Motian.
En el Tord Gustavsen Trio los silencios son parte del vocabulario expresivo y, en su diseño estético, el espacio entre las notas tiene tanta importancia como las notas mismas. Esa austeridad emocional otorga una profunda sensación de paz. Pero... ¿qué es la paz?
En sentido positivo es un estado de tranquilidad o quietud y en sentido negativo es ausencia de violencia. Para el derecho internacional, la paz es un convenio o tratado que pone fin a la guerra. En cambio en lo individual, es un estado interior, exento de cólera, odio y de sentimientos negativos. Sin embargo, no todas las culturas consideraron a la paz de forma positiva, lo que indica diversidad de criterios.
Martin Luther King opinaba que la verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión, es la presencia de justicia.
En cambio, Evo Morales, dice que La Paz es la sede de gobierno de Bolivia y el núcleo urbano más grande y poblado de su país.
Todo tienen razón, pero si no se ponen de acuerdo nunca vamos a lograr alcanzar la paz, ni siquiera en La Paz.
En The Ground se aproximan al gospel mediante un lenguaje musical susurrado y envolvente que provoca cierto déjà vu melódico. Su accesible narrativa desoculta una rítmica de sofisticada energía; pero como suele ocurrir con el trío, el virtuosismo se ubica en el asiento de atrás para privilegiar el desarrollo melódico. A continuación estrenan The Other Side of Tango. En un juego de extroversión poco habitual en la música de Gustavsen, el solo de piano incorpora frases de La Cumparsita pero conservando su estilo sensual, conciso y de un lirismo no agresivo, que elude la demostración superflua. El cierre será con el suave pero intenso Being There. La pureza y simplicidad de sus trazos melódicos resultan suficientes para expresar una fascinante profundidad emocional.
Regresa Gustavsen y, en soledad, ofrece la intima elegancia de Interlude.
La palabra vikingo comenzó a tener una connotación romántica a partir del poema de Erik Geijer, The Viking.
Eso idealizó a los bravos guerreros.
Poesía, romanticismo y una idealizada belleza.
servido por Mauricio
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4 Septiembre 2008
Si, vuelve Luces de la Ciudad tras un período de reposo. Lamentablemente con una pérdida enorme para la música. Ya vendrán todas las reseñas esperadas. Ahora es tiempo de recordar a un genio del piano, al que los diarios y medios especializados de Argentina no le dedicaron ni una línea. Es más, creo que los críticos ni se enteraron que existió el Vikingo de las teclas.
El pasado 16 de Junio de 2008 fue una fecha no grata para el mundillo del jazz, el pianista de jazz sueco Esbjorn Svensson, cuya fusión de melodías líricas y música electrónica inspirada en el rock abrió terreno en el jazz moderno, murió en un inexplicable accidente de buceo, tenía 44 años.
El trágico episodio ocurrió en las aguas de una pequeña isla cerca de Estocolmo, donde el músico se encontraba de vacaciones.
Svensson y su banda obtuvieron elogios de la crítica por su álbumes, ganaron varios premios incluido el Guiness Jazz. El grupo también fue nombrado mejor artista internacional en los premios BBC Jazz de 2003. Dos años después, fue la primera banda europea de jazz que apareció en la portada de la revista especializada Downbeat en Estados Unidos.
Svensson contribuyó de manera instrumental con el jazz contemporáneo. La banda, también conocida como EST.
LUCES DE LA CIUDAD se ocupó de reseñar a este estupendo trío el 27 de julio de 2007. Vale reiterar el post, que, además, se puede encontrar en los archivos del blog. Chau, Esborn. Nos queda tu música.
El antiguo Esbjörn Svensson Trio abrevió hace ya tiempo su denominación. No para hacer más comercializable su propuesta obviando la difícil pronunciación del nombre de su líder y pianista, sino como reconocimiento de éste a la organicidad de verdadero grupo que hay en esta formación: sobre el escenario y en el estudio de grabación.
Ese rasgo de modestia habla mucho en favor de Svensson, porque, si hay algo en lo que se pongan de acuerdo todos los que han analizado o reseñado un trabajo que ya ha superado con creces su primer decenio es que han conquistado un sonido personal, reconocible y distinto al de cualquier otra formación piano-bajo-batería que brille a este o al otro lado del Atlántico. Ese factor distintivo y distinguido sólo es posible bajo un liderazgo clarividente, en una trayectoria sin bandazos y sin esfuerzos desesperados por aclimatarse a tendencias o modelos de más peso en cada momento.
Esta formación, por cauces distintos a los de Atomic y su devastadora sección de viento, demuestra en qué basan su auge actual los solistas y formaciones nórdicas: pasión. "Viaticum" es un álbum incandescente en el que el concepto de la elegancia está unido a la manera de retorcer las melodías de este devoto de Thelonious Monk que es Svensson. Como sólo sucede con los grandes, la improvisación nunca le conduce a callejones sin salida, sino a avenidas de creciente amplitud y luminosidad. La breve "The Well-Wisher" es tan efectiva como uno de esos singles pop adictivos de los buenos tiempos. Y si E.S.T. son muy buenos en la concreción, consiguen no perderse en exhibicionismos ni en divagaciones sobre la nada cuando, por ejemplo, el bajista Dan Berglund se pone a hacer virguerías con el arco hasta entrar en un proceso febril de cualidad hendrixiana (por momentos casi llegas a pensar que lo que oyes es una guitarra). Por no hablar de la facilidad del batería, Magnus Öström, para adentrarse en paisajes avecindados al rock sin pegar un porrazo de más. Sólidos y espectaculares.
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7 Mayo 2008

Tord Gustavsen es un músico noruego que se ha logrado consolidar, con sólo tres álbumes como un referente del nuevo jazz europeo y deja a años luz al jazz contemporáneo norteamericano, sin nuevas propuestas.
En pocos años, Gustavsen, han sorprendido a la escena mundial con un jazz culto, elegante, sofisticado y pulcro, de una belleza lírica, minimalismo expresivo y frescura creativa hasta las lágrimas, música que conmueve.
Se graduó en Musicología en la Oslo y actualmente realiza su tesis de Doctorado, además de una ardua tarea de investigación en las fuentes de la psicología de las relaciones desarrolladas por el psicoanalistas alemanes y noruegos, abordando temas como la paradoja de vivir y la dinámica del arte con un acercamiento apasionante a la noción antigua de dialéctica, sobre las paradojas de la vida y el arte, dilemas como la cercanía _distancia, el instante y el tiempo, la satisfacción y la frustración, las analogías entre la intimidad física, social y musical, el ser en un grupo social, en una relación y en el erotismo dialéctico de improvisación musical.
Gustavsen maneja maravillosamente bien los silencios y la tensión, con mágica intensidad nos seduce y nos acaricia con la extraordinaria delicadeza de su pulsación y perfección técnica. La batería y el contrabajo, a la misma altura susurrando al rededor del piano y privilegiando el desarrollo melódico. El virtuosismo individual no existe, eludiendo la demostración superflua.
Alguna vez leí por ahí que es el único músico que le hace el amor al piano, consecuente ¿no?
Los tres discos del trío han sido publicados por el sello alemán ECM, Changing Places, 2003, The Ground, 2005 y Being There, 2007.
Extraordinaria sensibilidad.
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14 Octubre 2007
Bobo Stenson se puede considerar como uno de los pianistas europeos con mejor currículo profesional, así como uno de los músicos más interesantes dentro del extenso y complicado mundo de los pianistas. Goodbye, es el primer trabajo para el sello discográfico de Manfred Eicher en cinco años, un espacio de tiempo que se me antoja excesivo a consecuencia de la gran calidad que atesora este músico.
La escucha atenta de Goodbye no dejará indiferente al aficionado, quien se llegará a preguntar si se encuentra ante un trabajo discográfico de un músico de jazz, o sencillamente, ante una grabación o una selección de temas musicales, en el más amplio sentido terminológico. La respuesta a la pregunta anterior, es fácil; tras sucesivas escuchas del cedé, se puede afirmar de una forma rotunda, que el presente trabajo de Bobo Stenson es un homenaje a la música, en su sentido más amplio, sin necesidad de imponer etiquetas para la catalogación de la música que desarrolla.
La abstracción de la música que despliega Stenson y su trío, desde los temas propios del pianista, de Paul Motian, de Anders Jormin, hasta un tema de música clásica de Henry Purcell “Music for a While”, es lo que provoca la extraordinaria belleza que impregna el trabajo desde el comienzo hasta el final del mismo, demostrando que el trabajo es una recopilación de músicas modernas, clásicas o románticas.
El trío, en condiciones de igualdad musical, desarrolla los temas con una exquisitez y belleza que es el resultado de la conjunción de todos los músicos, empezando por la personalidad del propio pianista, que desarrolla momentos de armonías modernistas, de melodías y efluvios musicales, a momentos más íntimos y pensativos.
A estos diferentes estados emocionales de la interpretación, ayudan tanto Anders Jormin como Paul Motian, el primero con un sonido preciso, sobrio y perfectamente conjuntado a la batería (excepcional la interpretación con arco en el tema de Tony Williams “There Comes A Time” o de Paul Motian “Sudan”), y un Motian pleno de facultades, con una interpretación aeróbica, por momentos precisa y minimalista, que posibilita un colchón sonoro para el desarrollo de ideas improvisatorias por parte de los componentes del grupo.
*Bobo Stenson-Goodbye-ECM
servido por Mauricio
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26 Septiembre 2007
Reactivación de uno de los tríos más interesantes de los ochenta y noventa, el de Paul Motian con Frisell y Lovano, desde su separación hace unos ocho años, tras tantos años juntos primero en el quinteto del batería de principios de los ochenta, que luego se redujo a ellos tres con invitados ocasionales.
Por el camino dejaron discos exquisitos, algunos en este mismo sello, otros en JMT ( los gloriosos homenajes a Monk, Bill Evans y los tres discos de standards, "On Broadway" ), más tarde en Winter & Winter, aquí con un par de asombrosos directos.
Era, y es, un trío perfecto : el batería más melódico y "libre" que nunca tuvo Bill Evans, idóneo para esta música tan íntima, con el saxofonista que mejor ha sabido integrar el lenguaje lesteriano en la música de más acá del Free, y el más original y polifacético de los guitarristas de los últimos veinte años, que aquí encuentra terreno abonado para desplegar su lirismo inigualable.
Los tres, además, son atentos acompañantes, con gran cantidad de registros y una capacidad asombrosa de variar su estrategia para no estorbar en los momentos tan melódicos de los otros. Es difícil encontrar una unidad como esta, en la que sus componentes tengan tantas distintas cosas que aportar y se produzca como resultado semejante rotundidad en su música.
Este disco es una continuación de toda la maravillosa música del trío. Si hay alguna diferencia con la música que hacían hace diez años es que se notan, para bien, los derroteros por los que han andado Frisell y Lovano en sus últimos años, el primero casi ha abandonado sus sintetizadores, y su uso de los pedales es más sutil, menos abusivo que lo que era en su época anterior...sí que se nota en sus solos la relectura brillante que hace de la música norteamericana, y la influencia del Country es aún más evidente que antes. Lovano también ha reposado su discurso: siguen apareciendo esos suaves aullidos coltrenianos, pero el legato es más Lester Young que antes, y el legado de los Four Brothers en su lenguaje se ha hecho más evidente.
Sigue teniendo ese carácter único que hace que las melodías que toca suenan distintas, personales e intransferibles en su instrumento, y aquí está especialmente melódico.
Los temas son todos de Motian, pero suenan a fabricados para este grupo y son perfectos para el trío, y el único tema que no es suyo es una versión maravillosa, de las de pasar al libro particular de este grupo y los standards, de Jerome Kern y Oscar Hammerstein, que es el que da título al disco.
Como colofón, el sonido espectacular de esta casa de discos nunca ha tenido mejor destinatario que esta música pausada y preciosa, y la portada no es que siga en la línea que las ha hecho entrar en la historia particular de este arte, es que es de las mejores. Indispensable, indispensable y además, indispensable.
*Motian, Frisell, Lovano- I Have The Room-ECM
servido por Mauricio
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27 Julio 2007
El antiguo Esbjörn Svensson Trio abrevió hace ya tiempo su denominación. No para hacer más comercializable su propuesta obviando la difícil pronunciación del nombre de su líder y pianista, sino como reconocimiento de éste a la organicidad de verdadero grupo que hay en esta formación: sobre el escenario y en el estudio de grabación.
Ese rasgo de modestia habla mucho en favor de Svensson, porque, si hay algo en lo que se pongan de acuerdo todos los que han analizado o reseñado un trabajo que ya ha superado con creces su primer decenio es que han conquistado un sonido personal, reconocible y distinto al de cualquier otra formación piano-bajo-batería que brille a este o al otro lado del Atlántico. Ese factor distintivo y distinguido sólo es posible bajo un liderazgo clarividente, en una trayectoria sin bandazos y sin esfuerzos desesperados por aclimatarse a tendencias o modelos de más peso en cada momento.
Esta formación, por cauces distintos a los de Atomic y su devastadora sección de viento, demuestra en qué basan su auge actual los solistas y formaciones nórdicas: pasión. "Viaticum" es un álbum incandescente en el que el concepto de la elegancia está unido a la manera de retorcer las melodías de este devoto de Thelonious Monk que es Svensson. Como sólo sucede con los grandes, la improvisación nunca le conduce a callejones sin salida, sino a avenidas de creciente amplitud y luminosidad. La breve "The Well-Wisher" es tan efectiva como uno de esos singles pop adictivos de los buenos tiempos. Y si E.S.T. son muy buenos en la concreción, consiguen no perderse en exhibicionismos ni en divagaciones sobre la nada cuando, por ejemplo, el bajista Dan Berglund se pone a hacer virguerías con el arco hasta entrar en un proceso febril de cualidad hendrixiana (por momentos casi llegas a pensar que lo que oyes es una guitarra). Por no hablar de la facilidad del batería, Magnus Öström, para adentrarse en paisajes avecindados al rock sin pegar un porrazo de más. Sólidos y espectaculares.
servido por Mauricio
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17 Enero 2007
Y finalmente Maradona y Pelé salieron a la cancha. Path Metheny y Brad Mehldau demostraron que los grandes pueden jugar juntos en su reciente disco, el primero en el que los jazzman se atreven a nutrise mutuamente.
Todo lo que hace/hizo Metheny debería figurar en la antología de la múscica, sea con su trío, como solista, con su cuarteto, en sus colaboraciones. El buen gusto, el groove particularísimo, el fraseo inconfundible son coordenadas que encajan directamente también con Mehldau, un pianista exquisito, heredero de Evans y Jarret.
Observar un concierto de Mehldau es adentrarse en un terreno hipnótico, en el que las tensiones desaparecen ante la primera nota. A ambos tuve ocasión de verlos en más de una oportunidad y siempre salí repleto de música y con ganás de más.
Tras muchos cabildeos el disco se ha editado en Argentina, y desde el primer track, "Unrequited", queda claro que la estrella es la música.
Salvo con las apariciones de Larry Grenadier y Jeff Ballard (actuales integrantes del trío de Mehldau), el disco es un dueto donde lo mejor que uno puede hacer es dedicarse a la contemplación.
"Ring of life" parece una de las mejores gemas del Path Metheny Group, donde los muchachos de Mehldau acolchonan y suenan ajustados a más no poder.
El jazz moderno ha dado otra lección de vitalidad, aunque el formato del trabajo exceda la cuestión de genero.
La tapa (mitad azul, mitad blanco) parece dibujar arenas blancas y un mar inacabable. Obviamente, la edición argentina lejos está de igualar en calidad de impresión a la americana. Pero, vamos, acá sí que lo que importa es el contenido.
Metheney conecta sus cuerdas directamente al corazón, desde donde traza escaleras al cielo bajo un patrón armónico cargado de melancolía. Advertencia: cualquier personalidad sensible puede lagrimear a lo largo de los 10 tracks.
En "Ahmid-6", el segundo tema, anuda reverberancias hacia el infinito hasta que (todo finito es) entra en escena el piano. Hasta el final van intercalándose solos increiblemente bellos.
¿Imagínense a Maradona y Pelé sin tener que jugar por los puntos pero haciéndolo con la misma camiseta, con el único obetivo de mostrar la belleza del fútbol?
Traspolando esa figura a la música, es lo que Metheny y Mehldau hacen en este disco iluminador, repleto de jazz, de hermosura, de buen gusto, de sutilezas.
*Metheney-Mehldau-Pat Metheny-Brad Mehldau-Nonesuch
servido por Mauricio
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