Un día perfecto (vuelve el fútbol)

"Empieza el futbol...", rumió un amigo, en forma de repudio, por el pronto inicio del Apertura. A él le gustan el tenis, el golf; es hincha de River y fue una única vez al Monumental: cuando tocó Roger Waters.
Sabe que se le vienen tiempos duros. Las cargadas con los canallas, la excitación pre y pos partido, las cuerdas que tocamos los que, de tanto ser escépitcos respecto a otras cuestiones, padecemos síndrome de abstinencia cuando las canchas quedan vacías.
Y sí, hay momentos desoladores en la vida del futbolero: esa última fecha en diciembre cuando te despedís de tus vecinos de platea hasta el año que viene, y toda la lata del "felices fiestas" y esas cosas tan deprimentes...
El hecho de ser fanático de un equipo que no es Boca o River aumenta el "mono". No hay chances de seguir los partidos de pretemporada por tv. Entonces, a encerrarse en esos domingos tristes a ver la liga mexicana, los goles de Colo Colo o prenderse a la estúpida Copa América para bajar los brazos ante el imbancable Coco Basile, ese señor que atrasa 20 años.
Pero la cosa es que vuelve el fútbol, sí. Con un aditamento: este año peleamos para salvarnos del descenso. Ya han comenzado los llamados urgentes para viajar a ver al equipo juegue donde juegue. No sea cosa que nos toque ir a la B, eso sí que es un drama.
Hay que repudiar el cliché de los hipócritas que dicen que "descender no es ningún drama". Perder la categoría debe ser lo más parecido a la muerte... Y si no que lo digan los canallas o los odiados cuervos.
Qué felicidad me embarga al ir a la secretaría del club y sacar mi ticket por toda la temporada, tener fútbol los viernes los sábados y los domingos... Aunque, debe reconocerse que a los dueños del negocio se les está yendo la mano. Fútbol es domingo. "Vive de azul porque azul no tienes domingos", canta el Flaco Spinetta radiografiando el espíritu de ese día.
Si la organización vence al tiempo, Torneos y Competencias lacera a los que queremos ir a la cancha siempre: con lluvia, con 45 grados a la sombra o con el el huracán Kinoto encima.
Somos insoportables los futboleros, capaz de ver 120 veces los goles de nuestro equipo, cholulear con la estrellita de paso o dormir con la camiseta puesta la semana previa, como una cuestión de rigurosa cábala. Somos el desvelo de Sebreli. Y está bien.
Otros se euforizarán con el nuevo modelo de auto al que han podido acceder por las bondades de algún plan, yo estoy ansioso esperando que Rolando Schiavi clave un cabezazo en el ángulo.
